Por qué una agnóstica está leyendo la encíclica del Papa sobre inteligencia artificial

2026

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Empiezo por la confesión, soy agnóstica. No suelo leer documentos pontificios y, francamente, no recuerdo la última vez que un texto de la Iglesia entró en mi lista de lecturas. Pero el 25 de mayo de 2026 el Vaticano publicó Magnifica Humanitas, la primera encíclica del papa León XIV, dedicada por entero a la inteligencia artificial. Y, después de leerla, creo que merece atención fuera del círculo de creyentes.

Magnifica Humanitas es, evidentemente, un documento religioso, anclado en una antropología cristiana que no comparto. Hay capítulos enteros sobre la Encarnación, la Eucaristía o el «verdadero más que humano» que vive en Cristo, y mi lectura allí es la de una atea que no cree en nada de lo que le están diciendo.

Me centro en la discusión sobre IA que suele oscilar entre dos polos, por un lado, la euforia de las capacidades y, por el otro, el pánico existencial. En medio, debates más técnicos sobre regulación, sesgos o alineación. La encíclica propone una pregunta distinta y, a mi juicio, muy interesante, ¿qué queremos seguir siendo nosotros mientras la IA avanza? El papa no presenta un manual técnico ni una condena, pero sí una invitación a pensar sobre lo humano.

El papa abre el documento con dos imágenes bíblicas que funcionan como espejos invertidos. Por un lado, Babel, la ciudad-torre construida con “una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección”.  Por otro, Jerusalén reconstruida por Nehemías como una ciudad que renace no por la iniciativa de un solo arquitecto, sino porque cada familia recibe un tramo de muralla del que hacerse responsable. Aunque uno no comparta el marco religioso, la metáfora aterriza con sorprendente precisión sobre el debate actual: ¿estamos construyendo una infraestructura tecnológica única, centralizada, que aplana diferencias y se basta a sí misma?, ¿o estamos repartiendo responsabilidades entre los desarrolladores, reguladores, educadores, ciudadanos para construir algo habitable? El papa resume la elección así, “no es entre un sí o un no a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén”.

Una cuestión que ya he defendido en otros comentarios de esta web o en congresos y conferencias es que la tecnología no es ni buena ni mala, pero tampoco es neutral (Kranzberg, 1986). El papa se hace eco de esta idea indicando que “No es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”.

A partir de ese marco, la encíclica desgrana riesgos muy concretos que reconocerá cualquiera que siga el debate público sobre IA como son la concentración del poder, el impacto ambiental, la falsa objetividad, el impacto en el trabajo y la guerra automatizada. En este último punto, el papa afirma, sin matices, que “no es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales o, en cualquier caso, irreversibles”, y que “no existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable”. La IA, advierte, baja el umbral del recurso a la violencia y convierte a las víctimas en datos.

No hace falta creer en Dios para leer al papa. Basta con sospechar que, en medio de la prisa por construir el próximo modelo, alguien tendría que preguntarse qué tipo de humanos queremos seguir siendo cuando termine la obra. La encíclica no exime a nadie, ni a los desarrolladores, ni a los dueños de las empresas tecnológicas, ni a los legisladores, ni a los educadores, ni a los usuarios. En concreto, en el ámbito educativo, nos recuerda que la escuela “no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar como es el tiempo compartido para aprender y relaciones fiables”.

Frente a estos riesgos, el papa propone “desarmar la IA, lo que implicaría, no renunciar a ella, sino impedirle el dominio sobre lo humano, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas”. Como investigadora y educadora, hago mía esa exigencia como es que la IA sea habitable. Que lo sea no se decide solo en los grandes foros de gobernanza ni únicamente en quien diseña los modelos. También se juega en cada aula, en cada investigación, en cada conversación con quienes están aprendiendo a pensar críticamente sobre las máquinas que ya forman parte de su vida. Ese es mi tramo de muralla, y desde ahí pienso seguir trabajando.

Rocío Yuste Tosina

Reconocimiento de uso de la IA

He usado Claude (Anthropic) para la revisión de erratas en el texto inicial. Las decisiones de contenido, citas, estructura y posición son mías. He usado Gemini (Google) para el diseño de la imagen.

Con fecha: 2026
Idioma: Español