Leer despacio en un mundo que no nos deja

Septiembre, 2026

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Español

España obtiene 451 puntos en comprensión lectora en PISA 2025, 23 menos que en 2022 y 45 menos que en 2015. Hace diez años leíamos por encima de la media de los países comparables, hoy obtenemos el peor resultado de nuestra historia en la prueba. Los titulares de hoy tienen razón al hablar de caída, pero dejan fuera una cuestión importante, el problema español no está solo en el suelo. También está en el techo. Me explico.

Uno de cada tres estudiantes españoles, el 32 %, no alcanza el nivel mínimo de competencia lectora. Es un dato grave. Pero es prácticamente el mismo porcentaje que registra la OCDE y la Unión Europea, ambas con un 31 %. Sin embargo, cuando miramos hacia arriba, la fotografía cambia pues solo el 2 % de nuestro alumnado alcanza los niveles 5 y 6, frente al 5 % de la OCDE. Ninguna comunidad autónoma, sin excepción, alcanza la media de la OCDE ni la europea en esa franja. Nuestra distribución de puntuaciones, además, está comprimida, la desviación típica española en lectura es 94,2, frente a 114,8 de Suecia o 109,7 de Alemania. El problema, por tanto, no es que nuestra distribución esté comprimida. El problema es el nivel en torno al cual está comprimida.

La conclusión que sugieren los datos es incómoda, nuestro sistema parece relativamente más eficaz conteniendo las dificultades que desarrollando el rendimiento excelente. Habrá quien responda que este es el precio de la equidad. No tiene por qué serlo. Irlanda tiene una dispersión de puntuaciones casi idéntica a la española, 93,6 frente a 94,2, y aproximadamente la mitad de alumnado por debajo del nivel mínimo, encabezando además la clasificación en lectura. Una dispersión similar, pero un nivel de rendimiento muy superior.

Ante estos datos es fácil caer en hipótesis ya conocidas, como que los adolescentes ya no leen, no se esfuerzan y crecen pegados al móvil. Pero los datos españoles no permiten sostener una explicación tan simple. El índice de perseverancia de nuestro alumnado es de 0,26, frente al 0,00 de la OCDE y al −0,04 de la Unión Europea. El índice de apoyo familiar (−0,08) también se sitúa por encima de los valores de la OCDE y de la UE (−0,19). Y hay otro dato que merece atención, la distracción digital percibida en clase ha bajado, del 32,8 % en 2022 al 29,2 % en 2025, mientras la puntuación española en lectura caía 23 puntos.

Lo que sí sabemos es que el entorno educativo y cultural ha cambiado. Y que un problema complejo no admite una explicación única. Esta complejidad se vuelve especialmente evidente cuando miramos a una de las principales novedades del actual ecosistema educativo, la inteligencia artificial (IA).

España utiliza IA con fines escolares más que la mayoría de los países, el índice alcanza 0,22, frente al 0,00 de la OCDE. El 39,8 % del alumnado declara utilizarla al menos semanalmente para resumir textos que tiene que leer. Sin embargo, los datos tampoco permiten convertir la IA en el nuevo culpable universal. En España, tras descontar el nivel socioeconómico, la asociación con el rendimiento es de −6 puntos, frente a −8 en la OCDE, y algunos de los coeficientes más negativos aparecen en países que la usan mucho menos.

Me preocupa un dato, en el conjunto de la OCDE, los lectores apresurados, aquellos que responden rápido e incorrectamente, casi se duplicaron entre 2018 y 2025, del 6,6 % al 11,4 %. La mayor parte de ese aumento se concentra entre 2022 y 2025. El informe no establece ninguna relación causal con la IA, pero la coincidencia temporal me llama la atención como investigadora y abre una línea de investigación.

No estamos hablando solamente de cuánto leen los estudiantes. Estamos hablando de cómo leen. Y, sobre todo, de si todavía disponen del tiempo, la atención y las condiciones necesarias para leer despacio.

No existen recetas conocidas ni perfectas. De hecho, entre los países que más han perdido rendimiento en la última década se encuentran cuatro sistemas educativos nórdicos, Islandia, Noruega, Finlandia y Dinamarca. Noruega, que durante años se situó por encima de la media de la OCDE, ha quedado ya por detrás de España en matemáticas y en ciencias. Esto debería hacernos desconfiar de las explicaciones fáciles. No basta con importar el modelo educativo de otro país ni con atribuir el problema a una única reforma.

Podemos empezar con pequeñas acciones en el inicio de curso tanto en los centros educativos como en los hogares, como proteger las condiciones reales de concentración. Porque la lectura sostenida necesita algo que nuestra cultura digital ofrece cada vez menos, tiempo sin interrupciones.

Rocío Yuste

Fuentes: OCDE, PISA 2025 Results (Volume I) y PISA 2025 Technical Report; Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes / INEE, PISA 2025. Informe español.

Reconocimiento de uso de la IA: Este artículo es fruto de mi análisis y reflexión sobre los resultados de PISA 2025. He utilizado herramientas de inteligencia artificial como apoyo durante el proceso de revisión y edición. La selección de las fuentes, la interpretación de los datos y las conclusiones expresadas son responsabilidad de la autora. También se ha utilizado la IA para el diseño de la imagen de portada.

Con fecha: Septiembre, 2026
Idioma: Español